En la zona cordillerana del norte de Chile, un humedal único se ha convertido en el centro de una iniciativa pionera de conservación. El Salar de Alconcha, ubicado a más de 4.100 metros de altura, será el espacio donde comunidades indígenas quechuas y Teck están desarrollando un área de conservación, restauración y educación ambiental con identidad indígena, orientada a proteger su biodiversidad y fortalecer la gestión territorial del ecosistema.
Este proyecto nace como parte de la actualización de las medidas de compensación y compromisos voluntarios asociados al Área de Compensación Laguna Ceusis, definidas en la Resolución de Calificación Ambiental del Proyecto “Actualización Proyecto Minero Quebrada Blanca”. La imposibilidad de implementar esas medidas en el lugar originalmente previsto impulsó un trabajo conjunto para redefinir un nuevo sitio de compensación que cumpliera las condiciones ecológicas necesarias.
El Salar de Alconcha cumplió con ello: un ecosistema de alto valor, culturalmente significativo para las comunidades quechuas y con condiciones de suficiencia y adicionalidad para hacerse cargo de los impactos ambientales compensados. La propuesta fue presentada a evaluación y, tras un proceso que integró participación técnica, diálogo y consulta indígena, recibió aprobación ambiental para su implementación.
El proceso consideró un trabajo colaborativo con la Comunidad Indígena Quechua de Ollagüe (CIQO), propietaria del salar, así como con la Comunidad Indígena Quechua de Puquios y la Asociación Territorial Multicultural Sueño Hecho Realidad, cuyos integrantes utilizan y resguardan el territorio. Estas organizaciones participaron activamente en la construcción de los acuerdos que establecen las bases de la estrategia de preservación del salar y de la Quebrada de Coasa.
“Ha sido un proceso de diálogo, entendimiento y acuerdo con la Comunidad Indígena Quechua de Ollagüe y estamos muy contentos de haber podido concluir esta parte tan significativa. La participación activa y el conocimiento profundo de las comunidades han sido fundamentales para el éxito del proyecto, que demuestra cómo la colaboración basada en el respeto y la confianza mutua puede generar valor compartido para todos”, señaló Herman Urrejola, Head de Desempeño Social y Relaciones Indígenas de Teck.
Una innovación fundamental es la transferencia al Estado chileno por parte de Teck de los derechos mineros y de agua asociados al Salar de Alconcha, lo que garantiza la protección de la zona a perpetuidad. Además, se ha formado y contratado a miembros de la comunidad como guardaparques indígenas, lo que contribuye al monitoreo, la conservación y los medios de vida locales.
El proyecto establece un modelo de gobernanza en el que la comunidad indígena lidera la protección y la gestión de su propio territorio, con Teck actuando como socio a largo plazo. Es la primera área de conservación en Chile creada en tierras indígenas con una identidad indígena explícita, autoridad de gobernanza y base cultural.
Más de 30 sitios de importancia cultural se han incorporado al plan de conservación. Un modelo económico basado en la sostenibilidad, que incluye un fondo de dotación, asegura la financiación a largo plazo de las actividades de conservación. Doce miembros de la comunidad indígena han recibido formación como guardaparques, lo que mejora el monitoreo y la gestión.
El modelo de Alconcha es altamente replicable, ya que se basa en principios como la participación indígena desde el inicio, la gobernanza compartida y la alineación con los valores culturales. Los planes futuros incluyen el establecimiento de una «Academia del Modelo de Alconcha» dirigida por indígenas para apoyar la replicación en otras comunidades e industrias.
El proyecto ha transformado la relación entre Teck y CIQO —pasando de la consulta al co liderazgo— y ha recibido reconocimiento nacional como un ejemplo destacado de conservación liderada por indígenas.